Alfredo Payá Benedito

¡ESTO ES UNA CHAPUZA!


noname 29

Hace ahora algo más de 10 años fui al Instituto Valenciano de Vivienda para iniciar el proceso de construcción de 32 viviendas.


1. El Encargo.

Recuerdo las palabras alentadoras de los arquitectos responsables del Instituto en el sentido de buscar con esta promoción un modelo de edificio habitacional comprometido con su tiempo y que, además, pudiera servir de guía para las promociones del resto de solares que el Instituto pensaba ofrecer a la iniciativa privada.

El Instituto había proyectado y estaba ejecutando la Urbanización, ( por cierto realizada con bastante acierto) del área comprendida entre las ultimas edificaciones del pueblo y la Universidad; una zona de nueva creación, abierta, con arbolado, grandes vías, plazas y nuevos edificios de equipamiento,…. un área de expansión y de “enganche” con el Campus. El planeamiento planteaba una secuencia de bloques lineales perpendiculares al bulevar con la posibilidad de utilizar la planta baja para locales comerciales. El nuestro era de todos los solares el más próximo al centro.

Con todas estas condiciones de partida y las obvias de habitabilidad, metros cuadrados máximos para viviendas de protección y la insistencia del Instituto sobre el reducido presupuesto que estas promociones tienen habilitado, comenzamos a pensar en este ambicioso plan.


2.- La Investigación: Espacios Compartidos.

La ordenación propuesta en la normativa consistía en dos bloques paralelos alineados y conectados por los espacios de comunicación. La receptividad del ayuntamiento de la ciudad y sus técnicos permitió replantear la ordenación de los bloques en el solar mediante un estudio de detalle.

La primera decisión fue deslizar ligeramente entre sí los bloques. Esto permitía la aparición de nuevas permeabilidades así como se conseguía el aumento del área de influencia de la edificación sobre el suelo a ordenar. Como consecuencia de esta decisión el espacio entre los bloques asume el papel de las circulaciones horizontales dejando las comunicaciones verticales en los extremos.

La segunda decisión fue optar por ocupar la planta baja con locales comerciales. El planeamiento preveía el retranqueo de un metro y medio del plano de fachada y esto facilitaría la creación de un espacio previo al comercio, al mismo tiempo que independizaba la fachada de las viviendas y los locales. Esta solución de planta abierta permitía equilibrar ambos bloques, tanto el que da frente a la avenida como el que se ofrece a la calle peatonal y el jardín, así como generar fachadas con frentes a las calles y al espacio interior de parcela

Una vez establecida la nueva volumetría, la dimensión de los bloques, el espacio intermedio y la planta abierta, se había creado las condiciones para desarrollar la investigación: aprovechar la construcción de unas viviendas para generar espacios colectivos con capacidad para establecer una intensa relación entre la calle y la casa y convertirse en auténticos dinamizadores de la vida social, del intercambio entre los vecinos y entre estos y el resto de la ciudad. Aparecía entonces la idea de lo comunitario, de la construcción de un espacio compartido y en definitiva una oportunidad de generar Espacio Público.
En ese momento imaginé una gran plataforma activa de vida urbana ocupando el espacio desde la Avenida del Doctor Marañón hasta el Campus: un plano continuo donde implantar una secuencia de bloques longitudinales permeables con diferentes Arquitecturas y con una potente idea de integración entre los edificios y la ciudad.

Ligado a la idea anterior apareció, lo que para mí es otra obsesión: entender que la arquitectura no termina en las fachadas del edificio, el espacio que queda al otro lado de la vivienda no es inerte e inanimado sino que es algo vivo y cambiante. De esta forma lo ordinario se convierte en extraordinario, lo cotidiano comunica y establece vínculos con el exterior, con el contexto, con la ciudad. En este proyecto se huye de la tentación objetual para proponer un edificio que forma parte de la ciudad con naturalidad y donde los usuarios cuenten con un espacio privado pero también con un espacio colectivo donde desarrollar programas libres propios de prácticas de un nuevo sujeto social. Es esta una arquitectura coral, hecha toda ella con actores de reparto, que no quiere protagonizar nada pero sin embargo esta empecinada en dejar entrar la vida, el color, las palabras, la conversación, el intercambio,….lo social. Se perseguía construir un edificio capaz de activar mecanismos de interacción entre la arquitectura y los futuros usuarios.

Se propone una visión amplificada del contexto donde tan importante es el emplazamiento, el entorno , el clima, como los modos de vida ligados a la cultura mediterránea. Los Patios, las calles cubiertas, los porches, son espacios que crean microclimas, y hablan del contrastes de luces y sombras y de esa manera de entender las transiciones de lo público a lo privado a través de secuencias espaciales y espacios intermedios.

Contra la idea condenadamente extendida de entrar desde la acera a un portal que nos conduce al ascensor y de éste al rellano con dos puertas que da acceso al “piso”, imaginé un plano secuencia en el que se pudiera, llegando desde la misma calle anterior, atravesar un jardín donde jugar con los niños, recorrer la plaza de abajo y comprar el periódico, asistir a una clase de inglés, ir al gimnasio, o simplemente sentarse en uno de los bancos a la sombra de la gran pérgola,…entrar a través de esos zaguanes abiertos recorriendo las plantas para encontrar, cada día, una nueva perspectiva del barrio o establecer una charla improvisada con un vecino,… hasta llegar a los corredores elevados: amables calles extraídas de los pueblos mediterráneos con tiestos, sillas, mesas , pájaros,… que es el gran vestíbulo de las viviendas; un espacio donde montar en bicicleta, jugar al fútbol, organizar una merienda o jugar a las cartas con los amigos, un espacio previo conectado con la sala que nos recibe.

La disposición de los bloques y su relación con los accesos compartidos permite organizar unas viviendas en las que todas las estancias tienen iluminación natural y ventilación cruzada. La transparencia de los espacios de acceso refuerza la iluminación del corredor cubierto, a través de las propias viviendas, creando una sinergia absoluta entre lo público y lo privado.

Todas las viviendas se desarrollan en dos plantas lo que permite minimizar el número de corredores y situarlos a una cota elevada del plano del suelo construyendo una planta baja de escala urbana. En esas plantas de acceso se desarrollan siempre los espacios de día de las viviendas dejando los dormitorios en plantas más privadas.

La estrategia de apilamiento permite crear la mitad de las viviendas (16) en el ático del edificio, las llamadas viviendas-patio, el resto se sitúan a lo largo del corredor que funciona como espacio de extensión. Este sistema permite habitar intensamente las cubiertas y los espacios de circulación de forma que todas las viviendas cuenten con espacios al aire libre vinculados con el interior.

3.- La Reacción: La Iniciativa Privada y los Usuarios.

La primera decepción aparece como consecuencia de la anticipación de la iniciativa privada en la finalización de sus edificios. De aquella primera imagen de espacio público continuo donde un entramado de plazas, porches, jardines y equipamientos construirían un espacio colectivo ejemplar se pasó a un realidad definida por unos bloques rotundos y macizos; barras de edificación que optaron por situar viviendas en planta baja con sus correspondientes jardines privados bloqueando toda posibilidad de permeabilidad en el sentido transversal y abortando, por tanto, la continuidad del plano del suelo y todo intento de creación de Espacio Público.

Tras la ocupación de las viviendas llegó una batería de decepciones en cadena. Una mañana visitando la obra con unos amigos fui recibido por un vecino con esta lapidaria frase: ¡ Esto es una chapuza ! , otro dijo que no podía ser toda esta planta baja abierta,… sin control,… que si el botellón del fin de semana,…el mantenimiento,…que para que tanto espacio desaprovechado, ….que si nos ven de todas partes,….que si esa madera de “palé”,...

Y da igual que uno aplique el mejor barniz del mercado tras haber consultado la utilización del mismo con carpinteros especializados, chequeado las características técnicas de numerosos productos, contrastado opiniones con compañeros, realizado innumerables muestras para conseguir un tono natural, aconsejado en el Libro del Edificio el producto a aplicar para las futuras labores de mantenimiento, conseguido una garantía ,….que, a pesar de todo eso, uno, cuando llega a “su” casa, cuando toma posesión,…. le da una mano del barniz marino que “su” amigo pintor le ha aconsejado, porque ese, sí es ¡para toda la vida!

Podríamos engañarnos y protegernos dentro de nuestra burbuja pensando que la sensibilidad del usuario no es capaz de entender este modelo de espacios compartidos, donde es importante lo colectivo y la relación entre los vecinos, es decir la convivencia y el uso indiferenciado de lo público y lo privado,….

Pero,…. a la vuelta de lo visto, por esta y otras experiencias, habrá que pensar que no estamos en lo cierto y que estos proyectos solo son sueños de arquitectos ingenuos que quieren cambiar el mundo y esas cosas,… que creen que pueden educar a la gente y hacer que vivan como ellos han decidido, ofreciéndoles posibilidades de uso del espacio que nadie demanda.

La gente quiere meterse en su “ agujero” que nadie la vea y no ver a nadie y así poder disfrutar sin interrupciones del “reality” favorito , que esos, sí tienen los pies en la tierra.




Nota:

Siendo
esta la última obra realizada por el Instituto Valenciano de Vivienda
( esperemos que a pesar de los recortes siga operando) y habiendo realizado también allá por el año 90 la primera obra del mismo (con Javier García-Solera) quería ilustrar este texto con algunas imágenes de aquella obra y de su estado actual y,
…cómo una imagen vale más que mil palabras,….


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